Profesionalismo y humanidad en el derecho y la medicina.

Por: Sandra Milena Vanegas Barragán
Por: Sandra Milena Vanegas Barragán

Después de leer una sentencia del Consejo de Estado recomendada por mi viejo amigo y colega Dr. Camilo Garavito García, referente a la responsabilidad del Estado por fallas en el servicio médico y la autonomía del juez en tasar los perjuicios morales, me disponía a realizar una nota que ilustrara las figuras jurídicas más relevantes de la providencia, sin embargo, las circunstancias especiales que dieron lugar al litigio alejaron mi atención de los conceptos netamente legales para llevarla a un escenario puramente humano. A grandes rasgos el caso era el siguiente:

El Consejo de Estado se dispuso a resolver un recurso de apelación presentado por el apoderado judicial de la ESE de Villavicencio, dentro de una acción de reparación directa instaurada por los padres una menor de tres años que falleció a causa de un Dengue Hemorrágico el día 24 de septiembre del año 2002.

 

Dentro del relato de los hechos y el examen del material probatorio se relatan las lamentables circunstancias en que falleció la menor, destacando que evidentemente existió una falla en la prestación del servicio médico de la entidad demandada al no practicar oportunamente los exámenes ordenados por el médico que atendió el caso desde el primer día en que la niña acudió al hospital.

 

La sentencia deja ver la desidia y falta de humanidad de la galena que atendió el asunto al no examinar y remitir oportunamente a la paciente a un hospital de mayor nivel a sabiendas que su estado de salud empeoraba cada hora y a pesar que su madre le imploraba a gritos que le atendiera porque "su hija se estaba muriendo". Dentro de la prueba testimonial practicada por el juez de conocimiento se encuentra el testimonio rendido por el auxiliar de enfermería que la noche del deceso se encontraba cuidando de la paciente, quien manifestó que la doctora no quiso prestar atención a la señales de alarma que él le estaba informando y no dudo en afirmar que la médico tratante fue negligente al manejar la situación. Al respecto el Consejo de Estado indicó :

 

"La Sala observa en el acervo probatorio que la médica de turno del 23 de septiembre en la noche, no solamente se abstuvo de tomar las medidas inmediatas en respuesta a la gravedad de los síntomas de la menor, sino que asumió una actitud inhumana frente a los llamados que le hacía la madre de la infante para que hiciera algo. La profesional esperó a que la situación de salud de la menor llegara a tal extremo de urgencia que tuvo que intentar reanimarla y trasladarla, ahí sí a toda prisa al Hospital de Villavicencio, cuando ya nada funcionó en favor de María Fernanda."

 

"Considera la Sala que las complicaciones presentadas por la niña a la madrugada del 24 de septiembre de 2002, se produjeron como consecuencia de la negligencia y desatención con que fue tratada por los galenos de la E.S.E. demandada."

 

A juicio del Consejo de Estado, la actitud asumida por los médicos de la ESE de Villavicencio, violó las reglas de ética médica contenidas en la Ley 23 de 1981,  dentro de las cuales se destacan:

 

1. El médico debe considerar y estudiar al paciente, como persona que es, en relación con su entorno, con el fin de diagnosticar la enfermedad y sus características individuales y ambientales, y adoptar las medidas, curativas y de rehabilitación correspondiente.

 

2. El médico dedicará a su paciente el tiempo necesario para hacer una evaluación adecuada de su salud e indicar los exámenes indispensables para precisar el diagnóstico y prescribir la terapéutica correspondiente. 

 

3. El médico no expondrá a su paciente a riesgos injustificados.

 

4. Cuando la evolución de la enfermedad así lo requiera, el médico tratante podrá solicitar el concurso de otros colegas en Junta Médica, con el objeto de discutir el caso del paciente confiado a su asistencia.

 

 

Pese a lo indignante de la situación y la frustración que debieron soportar en su momento los padres de la menor, por increíble que parezca, la galena que atendió el caso no fue la única profesional con que tuvieron que lidiar los familiares, pues para terminar de hundir el dedo en la llaga, apareció el apoderado de la ESE de Villavicencio fundamentando su defensa bajo el vergonzoso argumento que me permito citar:

 

Los padres de la menor, al saber que no había servicio de laboratorio en aquel centro de salud, debieron superar el obstáculo y acudir a un laboratorio particular para que le realizaran a la niña los exámenes ordenados, de donde se deduce que “no era ni tanto su amor, su afán o preocupación, ni real interés por la mejoría y recuperación de su hija. (…) eran conscientes y sabían de esta limitante en el centro de salud, pero más pudo su pereza, y desinterés que la voluntad de ver restablecida su hija (sic)… Si los padres de la menor hubieran tomado en serio y con diligencia los síntomas de María Fernanda y la hubieran llevado a un laboratorio particular para la toma de exámenes apenas fue ordenado, seguramente con los resultados el médico del centro de primer nivel la hubierremitido a un centro de mayor complejidad” (f.120 c.p.). 

 

Por fortuna, el argumento del citado profesional del derecho no escapó de las consideraciones del Consejo de Estado:

 

Finalmente la Sala hace un llamado de atención al apoderado de la E.S.E. Villavicencio por el lenguaje utilizado en el recurso de apelación, que resulta indelicado frente al dolor de los familiares de la menor fallecida. En efecto afirmar que los padres de la niña debieron tomar los exámenes en un laboratorio privado y que como no lo hicieron “no era ni tanto su amor, su afán o preocupación” resulta a todas luces desproporcionado, grosero e inhumano. Este argumento no solamente carece de sentido por tratarse de una familia humilde beneficiaria del Sisben, que no contaba con los recursos económicos para asumir el costo de los exámenes, sino que en cualquier caso afirmaciones como la citada merecen el reproche de esta Corporación y no son propios del profesionalismo en el ejercicio del derecho.  

 

 

Sin lugar a dudas la actitud asumida por los "profesionales"  involucrados carecen de profesionalismo y humanidad, pues su actuar y su falta de actuar resultan contrarios a los principios orientadores de nuestra Constitución, a las bases propias de un Estado Social del Derecho y a la simple lógica humana. No debemos ignorar que nuestro conocimiento y dedicación en ciertas ciencias nos sitúan en una campo privilegiado sobre los demás, pues tenemos la posibilidad de conocer un arte especifico que es desconocido para otra persona, pero que aplicamos en su beneficio. Al escoger una profesión, más allá de valoraciones éticas, nos comprometemos con nosotros mismos y con una sociedad que confía en nosotros, si hemos escogido libremente un oficio, los más lógico es que seamos excelentes el él, porque nos gusta lo que hacemos, solo así se evidenciará un progreso en la humanidad. En el derecho, los abogados tenemos la posibilidad de adaptar situaciones y normas para la defensa de nuestro representado, pero una buena defensa no indica que podamos pisotear la dignidad de otra persona, por el contrario, solo demuestra la carencia de conocimiento y argumentación jurídica.

 

Por demás la sentencia es muy interesante tanto fáctica como jurídicamente, los invito a conocer su texto completo aquí.

 

  

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